Por: Leopoldo Letelier
El proverbio latín: “Si vis pacem, para bellum”, que significa “Si quieres la paz, prepárate para la guerra”, atribuido al escritor romano Publio Flavio Vegecio Renato, sirve muy bien para parafrasear el proyecto electoral del actual gobierno federal: “Si no quieres perder las elecciones, prepara una nueva ley electoral”.
No, el proyecto de ley electoral de Morena impulsada desde el Ejecutivo federal no busca democracia, en realidad pretende reforzar su proyecto totalitario, cerrando la puerta legal a ser desplazado del poder.
En un ambiente negativo por la caída de la economía, la falta de seguridad, el despilfarro del dinero público en proyectos fallidos -Tren Maya, Tren Interoceánico, Dos Bocas, la Súper Farmacia y más- el Ejecutivo no tiene más que recurrir a viejos trucos que habían sido desterrados de los ejercicios electorales.
La desaparición del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) busca, bajo el pretexto de la reducción de costos, generar un manto de opacidad para la hora del conteo de votos una vez cerradas las casillas; sin resultado preliminar no habrá modo de contrastar los registros de las votaciones.
Una vez que los órganos electorales de México se ciudadanizaron y profesionalizaron, corrieron con libertad y hasta con cinismo, las historias de los viejos trucos a los que el antiguo régimen recurría para arrebatar el triunfo y burlar la voluntad popular: el ratón loco, las urnas taco, el carrusel. “A mí me tocó llegar con las urnas a las oficinas, tocar una puerta que se abría para recibir la urna que llevaba y de inmediato me entregaban otra”, es una de las tantas historias que trascendieron sobre el viejo esquema electoral que rigió en el país.
El oficialismo se enfrenta a la inevitable y natural caída en las preferencias electorales -todo lo que sube, cae- pero también al resultado de su cuestionable gestión y vinculación a los más claros casos de corrupción que superan por mucho a los casos del pasado. Los casos de la “casa gris” del junior de la 4T José Ramón López Beltrán; el desfalco por mas de 15 mil millones de pesos de Segalmex; el huachicol fiscal con más de 600 mil millones de pesos de evasión fiscal; y los escándalos de las compras de las millonarias compras en obras de arte de Andrés “Andy” López Beltrán, además de su ineficiencia como operador político, forman parte del lastre que hunde a Morena.
Controlar simpatías a través del bienestar, tiene también un límite marcado por la falta de recursos fiscales que, ante una ineficiente conducción de la economía, registra menores ingresos de los cuales pueda echar mano el Ejecutivo Federal.
Ante un panorama marcado por la deficiencia en la gobernanza que presagia fuertes negativos en los futuros resultados electorales, el actual régimen decidió dar el paso que le falta una vez que ya tiene en sus manos al Poder Judicial y al Poder Legislativo, además del control del envilecido órgano electoral y no es otra cosa que tirar la escalera que les llevó al poder, entiéndase cambiar la ley electoral para facilitar su manipulación de cara al proceso electoral del 2027, sí, a través del retroceso en la calidad de la legislación y, como se señaló, en opacidad burlar el sentido del voto con la ausencia del PREP al término de la jornada electoral.
No es de extrañar que la iniciativa de reforma electoral impulsada por el Ejecutivo Federal carezca de consenso, transparencia y coherencia, como han señalado cuerpos académicos serios del país; no, eso nunca le ha preocupado al actual régimen, la democracia no es su estilo como sí lo es el sectarismo y la actuación bajo su resentimiento. “Hacen la reforma electoral, mientras preparan el fraude”.