Morena: entre las promesas y la podredumbre

El Joven Observador

Desde su fundación, Morena se presentó como la alternativa moral frente a la vieja política. Con el lema de “no mentir, no robar y no traicionar” y un líder que presumía vivir con 200 pesos en la bolsa y sin cuentas bancarias, el movimiento se apropió del desencanto social. “Primero los pobres” y “no puede haber gobierno rico y pueblo pobre” fueron las banderas de un discurso que prendió en un México golpeado por décadas de crisis, corrupción y simulación.

La figura de Andrés Manuel López Obrador, como la de un Mesías dispuesto a redimir a la política nacional, evocaba el aura de Luis Donaldo Colosio, aquel candidato que prometió romper con las malas prácticas del pasado y cuya muerte dejó una deuda pendiente con la historia. Tal vez esa marca, la de Colosio, pese aún en el imaginario colectivo, al punto que su hijo se proyecta como una carta fuerte rumbo al 2030, pero esa es otra historia, por ahora.

Hoy, la realidad toca la puerta de Morena y sus principales figuras. La reciente Asamblea Nacional, lejos de ser un mensaje de unidad, dejó ver fracturas y escándalos que se multiplican. Ahí está Adán Augusto López, exgobernador de Tabasco, señalado por haber mantenido en su administración a Hernán Bermúdez Requena, acusado de liderar “La Barredora”, un grupo ligado al Cártel Jalisco Nueva Generación. Las comparaciones con el caso García Luna y Felipe Calderón son inevitables y quizá por eso calan tan hondo en las filas morenistas.

Peor aún, la crítica vino desde dentro. José Ramiro López Obrador, hermano del presidente, aseguró que está saliendo “toda la pudrición”, una frase que, más que advertencia, suena a sentencia.

A esto se suman las ausencias convenientes de personajes como Ricardo Monreal y Andy López Beltrán, las acusaciones de Alfonso Durazo, el camaleón político que ha pasado por PRI, PAN, PRD y Morena, y un rosario de pendientes que crecen. El caso Segalmex, el huachicol, los narcolaboratorios donde se suponía “no había”, la violencia creciente, las visas canceladas a gobernadores, los funcionarios asesinados en la Ciudad de México y el desaseo en la fallida elección del Poder Judicial.

Como si no bastara, ahora aparece la doble cara de Gerardo Fernández Noroña, quien tras años de proclamarse tribuno del pueblo, se justifica por sus viajes a Europa en primera clase, apelando a un derecho que, hasta hace poco, criticaba con ferocidad.

La implosión de Morena, tantas veces anunciada, parece haber comenzado. La presidenta, Claudia Sheinbaum, está ante un dilema. Marcar distancia y cortar las partes gangrenadas o arriesgarse a hundirse junto con aquellos a quienes parece temer enfrentar. Porque en política, como en la vida, el tiempo puede ser un aliado o un verdugo. Y mientras unos caen, otros, como Colosio hijo, esperan su turno.